SALA DE INGRESO
MURO ROJO – APARICIONES DEL SER
Inicié el proyecto el 1 de agosto de 2009 en una habitación de mi casa que dispuse especialmente para eso. En el cuarto pinté dos paredes con óxido rojo en polvo. Al principio comencé retratando mi familia y amigos, los que me estaban haciendo el aguante en ese momento. Uno de los muros pintados representaba mi corazón desgarrado. Desde el inicio lo publiqué en Facebook y dije que en ese lugar se manifestaba el ser, eso le dio el nombre al proyecto. Para las fotografías escogí la cámara de peor calidad que disponía, descarté el uso del flash y completé la iluminación con una linterna que tenía. Una o dos veces por semana publicaba una foto con el nombre de la persona y a veces algún comentario. En un momento un hombre desconocido me dijo: “Yo quiero estar ahí”. Hablamos por teléfono, le expliqué que era algo íntimo que yo estaba haciendo público. El hombre lloró y me rogó fotografiarse en ese muro, accedí. Eso me puso en crisis. Busqué ayuda, le pedí a Anibal Buede que me dijera qué tenía que hacer, llevaba una semana sin dormir. “Lo que tenés que hacer es decidir” me dijo secamente. Me fui peor que antes. Mi dilema era: ¿Si dejo entrar un desconocido a mi casa, cómo sigo? ¿Lo dejo pasar y después lo cierro? ¿O debo abrir mi casa a todos? Decidí abrir mi casa a cualquiera que quisiera venir y dejar que su ser se manifieste contra esa pared. El dispositivo se completaba con convocatorias en Facebook donde anunciaba la fecha en la que se haría una sesión, los interesados se anotaban por privado. Yo no pedía ningún dato de contacto, les pasaba mi número de celular y la dirección de mi casa. También les comunicaba que yo era un instrumento para que su ser se manifieste, yo no intervenía, no daba indicaciones ni sugerencias. Cada persona podía concurrir con los elementos que considerara necesarios a la sesión con la única condición que pasaran por las puertas de mi casa y aceptaba que las fotos iban a ser publicadas en un álbum de mi cuenta de Facebook.
Durante la duración del proyecto pasaron más de 160 personas, en su mayoría desconocidas.
Todo lo que sucedió desde el momento en que comenzaron a llegar personas a la casa no fue imaginado. Cada sesión era diferente. A veces venían tres personas, otras seis o nueve…y en tres ocasiones llegó una persona sola a mi casa. Llegaban, se sentaban en el comedor, recorrían los lugares, me pedían ver el muro y que les contara del proyecto. Muchas veces había risas, otras no, era más serio. En una ocasión en que se hablaba de muertos y fantasmas se cortó la luz en la casa. Encendimos velas y la reunión continuo. Gente random charlaban y se conocían. A veces se hacía tarde y comíamos algo, yo cocinaba o se pedía algo. También nos emborrachábamos y terminábamos bailando por toda la casa. Lo que siempre sucedía sin excepción eran esos nervios previos al momento de las fotografías. Ahí los rostros se ponían serios después de la risa. Ahí asaltaban las dudas y las certezas. Adrenalina y temor. Hubo personas que vinieron a la casa y no se animaron a entrar al cuarto y hacer sus fotos. Hubo muchas personas que se anotaron y no vinieron. Hubo una persona que se anotó muchas veces y nunca vino. A ella le pregunté una vez: ¿Cuándo vas a venir? Me dijo: “Creo que nunca y no importa, todavía no sé quién soy ni quién quiero ser.”
2009-2011